Se llama Ulak Tartish y es de una crudeza espeluznante. Podría tratarse de un partido, de una competición a caballo, pero es mucho más. Para empezar, los jinetes, en vez de jugar con una pelota juegan con una cabra degollada. Una diferencia importante. Además, el enfrentamiento es de una duración indefinida y, para colmo, normalmente no hay reglas. Así, el partido pasa a ser un combate. De ahí a convertirse en una batalla campal solo hay un paso y no demasiado grande.

Es incuestionable que hay que ser un gran jinete para participar. Los kirguises son absolutamente empáticos con la naturaleza y una prueba evidente es su intensa relación con los caballos. Kirguises y caballos se acoplan, se identifican, son sinónimos. Su dominio del caballo es legendario. Han aprendido a dominarlo con maestría desde tiempos remotos sin tener que usar las manos, las cuales quedaban así libres para disparar armas y defenderse de los enemigos. A los niños se les enseña a cabalgar antes de que aprendan a andar. El caballo ha sido y es un medio de vida, una herramienta y la principal forma de transporte. En buena lógica, la mayoría de los deportes en Kirguistán están relacionados con el caballo.

La competencia suele ser feroz entre los participantes y hasta hace poco no había prácticamente reglas, únicamente no estaba permitido azotar con la fusta al contrario ni hacerlo descabalgar. Los juegos podían durar varios días
Aunque hay diferentes modalidades, se han establecido una serie de normas. En el juego oficial más habitual son 10 participantes por cada uno de los dos equipos, aunque sólo pueden estar en el campo 4 de cada equipo, se juega en un campo de 200x80 metros y hay dos "porterías" (kazans) con un diámetro de 3,6 metros y 1,5 metros de altura, en las que hay que meter la cabra.
En Kirguistán es muy frecuente jugar de forma libre. De manera espontánea se juntan varios jóvenes al terminar la jornada laboral en un valle de la montaña en la que viven o en otro escenario natural. En función del número de concurrentes se organiza para que cada jugador compita individualmente o formando equipo con otros. En las competiciones oficiales los jugadores no tienen que ser los dueños de los caballos, que generalmente son propiedad algún terrateniente o alguna persona rica del lugar. Los jinetes llevan un látigo, a menudo en sus dientes, para defenderse de los caballos y jinetes opuestos.
La primera asociación nacional que se registró fue la de Kazajstán en el año 2000 y desde 2001 se celebran campeonatos anuales. Las 14 regiones de Kazajstán tienen sus equipos profesionales y el equipo nacional ostenta el título de campeones de Eurasia. En Afganistán es el deporte nacional y una auténtica pasión. Hay regularmente partidos todos los viernes y atraen a miles de aficionados. Durante el gobierno del régimen talibán, el buzkashi fue prohibido, considerado un juego inmoral. Desde que el régimen talibán fue derrocado está siendo recuperado de nuevo.
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